Sancti Spíritus exhibe nuevo rostro

Avenida de los Mártires, una de las arterias principales de Sancti Spíritus.A la distancia de dos años del aniversario 500 de la vila de Sancti Spíritus, la ciudad se alista para la celebración, labor que deja ver su huella por disímiles rincones.

En medio de ese accionar, la Avenida de los Mártires exhibe el primer mejoramiento integral de su fisonomía desde que tienen conciencia los espirituanos más longevos.

El siguiente trabajo de la colega Giselle Morales Rodríguez, publicado en el periódico Escambray, deja ver la dimensión de tal quehacer.

El Prado espirituano

A un costo de 750 000 pesos, la Avenida de los Mártires, de la villa cubana de Sancti Spíritus, recibió los primeros beneficios de una rehabilitación integral que le devolvió lozanía y transfiguró su entorno.

Una mañana de marzo, recién salidos de la cama, los espirituanos descubrieron que la Avenida de los Mártires estaba siendo reducida a potrero. El antiguo pavimento fragmentado, los bancos desprendidos de sus sitios y una algarabía de tractores y equipos de demolición conformaban la escena que, hasta el día anterior, ninguno de los transeúntes hubiera imaginado.

“Yo no lo veía tan deteriorado como para eso, ahora luce como una guardarraya”, protestó en aquel entonces más de un lugareño contrariado por la magnitud de unas obras que viraron patas arriba el lugar.

Escambray explica a sus lectores el porqué de semejante desbarajuste en una información titulada Comunales toma el Paseo. El tema regresa a estas páginas varias semanas después, cuando ya las fuerzas constructoras pusieron punto final a una rehabilitación que devolvió lozanía a lo que algunos vienen llamando “el Prado espirituano”.

AGRIMENSORES DE ANTAÑO

Más que una simple arteria vial, la Avenida de los Mártires constituye un eje de incalculable valor urbanístico, toda vez que sirve de conector entre la ciudad antigua y la moderna.

Levantado a finales de la década de 1930 para unir la otrora calle Marcos García con la recién construida Carretera Central, el paseo tomó el nombre del alcalde espirituano hasta el triunfo de la Revolución, cuando adquirió su patronímico actual y se alargó hasta el estadio José Antonio Huelga por obra y gracia de los planes de desarrollo urbano, al parecer ya preteridos.

Desde entonces, la avenida se había mantenido intacta, salvo escasas acciones de remozamiento aisladas e inconexas, hasta que este 2012 le deparó no solo la reconstrucción del pavimento, sino también la rehabilitación del entorno, estrategia que, al decir de Roberto Vitlloch, director de la Oficina de Monumentos y Sitios Históricos, permite cualificar aún más la vía.

“Se siguió el criterio que creímos acertado, que es el de intervenir el objeto de obra y su contexto -señala Vitlloch-. De ahí que se hayan involucrado todos los organismos con inmuebles en la zona y las familias, que también contribuyeron a la reparación de las fachadas de sus viviendas. Fue una mejoría de imagen ostensible”.

Emprendido por la Dirección Municipal de Comunales con un presupuesto inicial de 300 000 pesos, el proyecto incluyó las labores en lo que Robert Medinilla, inversionista principal de la obra, llama las cuatro “islas”, desde la calle Maceo hasta la Carretera Central.

“Sabemos que queda pendiente el resto del paseo para que no rompa con la coherencia que debe tener, por eso lo hemos solicitado para el 2013”, sostiene Medinilla.

En esta primera etapa, a los hombres de la ECOI-30 y la 49 les cogió la noche más de una vez fundiendo las aceras, trazando las líneas en la superficie del pavimento bicapa, colocando los moldes para los árboles y midiendo con mucha más precisión que los agrimensores de antaño.

Para cuando se dieron los toques finales, hace apenas unos días, no solo se había fundido todo el hormigón in situ de los 3 000 metros cuadrados del paseo, sino que se sustituyó el mobiliario dañado, se completaron los árboles que habían sucumbido por el tiempo y la desidia, se incrementó la cantidad de luminarias y fueron empleadas más de 1 500 toneladas de asfalto en la reparación de la avenida y sus accesos, todo lo cual elevó el costo de las obras hasta los 750 000 pesos.

AUTOPISTA URBANA

A finales de mayo, cuando el agua dijo “aquí estoy yo”, los albañiles maldijeron el diluvio inoportuno. “Si no hubiera sido por las lluvias, esto lo habríamos matado hace tiempo -contaría luego uno de los hombres de la brigada de Pepe, orondo de haber concluido el paseo antes de que comenzaran los carnavales-, ¿usted se imagina esa cantidad de gente pasando por encima del reguero que había aquí?”.

Con semejante alborozo coincide Roberto Vitlloch, no tanto por la culminación rápida de las obras como por el resultado final, con el que alega sentirse satisfecho.

“Hay que valorar en su justa medida lo que se logró: se ensanchó la franja de paseo; se incrementó el número de bancos, incluso se preservaron 12 de los antiguos, y a los nuevos se les colocó el escudo de la ciudad; se mantuvo el diseño de las luces y se aumentó la cantidad de lámparas; se limpiaron los monumentos y hubo una mejoría ostensible del umbral de sombra”, asegura el también presidente de la Comisión Provincial de Monumentos, a sabiendas de que no fue ninguna de estas disposiciones, sino la eliminación de la jardinería la que originó las más encarnizadas polémicas.

“El parterre ya no cumplía su función porque las áreas verdes no podían estar más deprimidas -explica-, y en ese caso, se optó por erradicar lo que no resultaría posible mantener con toda su vitalidad. No obstante, pienso que pudo hacerse un mejor estudio de los tipos de árboles sembrados en el paseo porque en algunos casos apenas hay espacio para el tronco de la planta”.

Otro de los cambios que mantuvieron en vilo a los espirituanos fue el traslado del monumento a Jesús Menéndez, desde su emplazamiento anterior junto al de Bernardo Arias, hasta su actual ubicación frente a la pizzería.

“Se analizó la distribución de los bustos y determinamos que quedaba mejor en el sitio que ahora está, no solo porque antes se encontraba de espaldas al Centro Histórico, sino porque este tramo del paseo no tenía ningún monumento”, añade Vitlloch.

Más allá de las transformaciones -ni tan leves como refieren los inversionistas, ni tan graves como critican los detractores-, la Avenida de los Mártires exhibe el primer mejoramiento integral de su fisonomía desde que tienen conciencia los espirituanos más longevos, quienes incluyen a esta zona de valor histórico y social como uno de los símbolos culturales de la ciudad contemporánea.

Para preservarlo como el todo homogéneo que en realidad es, los lugareños aguardan, desde ya, por que las acciones de rehabilitación prometida crucen la Carretera Central y lleven la nueva imagen a los restantes 860 metros del paseo, esa suerte de autopista crecida como un espinazo de hormigón en las entrañas de la urbe.

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